Talento - Microrrelato en nuestro Blog de Reflexiones de la Vida
Bazar de deseos que aún no han sido anhelados por nadie.
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Obraría un milagro, sus dedos presionaban la superficie de la interfaz con la precisión de un cirujano. Lo conseguiría fuera como fuera. Seguro que ella lo querría así.

Unos destinos inseparables desde el primer día, entendiéndose a la perfección más allá de las palabras, mas allá del tacto, como una sola mente que armonizaba. Revisaba sus vídeos mientras procesaba rasgos conductuales automáticamente. Reprimiendo sus propias emociones, evitaría que arruinaran todo el trabajo apresurándole, o forzando los errores.

Destacado por sus innovaciones, vivía plasmando complejos conceptos de forma eficaz. Pura creación. Una música suave le ayudaba a pensar. La capacidad para abstraerse y focalizarse en ella le asombraba en cierta manera. Seguro de si mismo actuaba con confianza. Ajustaba los valores, a veces basándose en su propia percepción, dejándose guiar por la intuición. Casi estaba terminado.

El cansancio le había robado demasiados kilos a su cuerpo, joven todavía. La pensaba de mil maneras y esto lo consumía. Era capaz. Vencería las ocultas fuerzas que le habían arrebatado su mitad, equilibraría la balanza con su talento. Revisó las líneas de código, el árbol de procesos de su obra. Estaba listo. La necesitaba. Envió la consciencia al simulador.

Julia se proyectó en medio de la habitación. ¡Su viva imagen, el alma rescatada de la nada!

Alzó la mirada y la fijó en la suya.

“Gracias” – dijo al fin.