Respirar - Microrrelato sobre un viaje interior - Reflexiones de la Vida
Bazar de deseos que aún no han sido anhelados por nadie.
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Tan solo quería saber. Saber que se esconde detrás de lo que nos hace coincidir, de lo que nos hace fluir y entendernos más allá de las miradas desviadas. Enlazar la creación. Mi único propósito, mi sueño.

Dispuesto a renunciar a mis ilusiones, creencias, y hasta el poco tiempo que me quedaba, todo por comprender. Empecé a comportarme de forma extraña, ajeno a lo evidente. Intentando ver más allá, deambulaba en busca de conversaciones profundas en cervezas vacías. Sin ningún cómplice en mi atraco a los secretos de la realidad. Fui suponiendo las pistas de un sendero extraño, dónde todo tenía luz propia, el que me llevaba al borde del delirio o de la genialidad. A medida que me adentraba en él, más ligado parecía el mundo y difuminado quedaba el trayecto de regreso. Aún así avancé.

Las ideas abarrotaban mi mente, a veces abstractas, a veces planas y claras. Los objetos indiferentes, las personas, la naturaleza, todo era parte de un conjunto perfecto y yo con ello, me completaba. Los árboles del camino, convertidos en formas mecidas al viento, integradas, que tenían razón de ser y enlazaban su presencia. Una ambiente denso que tenía vida propia. Respiraba de su armonía profundamente, entregándome, perdiéndome en la visión, en mi bosque interior.

El aire sabía tan bien. La pasión, se extendía por todo mi cuerpo tumbado sobre las hojas muertas y vivas a la vez. Viajaba por la infinidad a la velocidad del latir del corazón, cada vez más veloz, cada vez más hermoso. Me sentía radiante y quería más, ¡Más!

La blancura asfixió de repente y se encargó de arrastrarlo todo al olvido, paredes blancas, ventanas blancas y cápsulas blancas. Pero afuera veo un árbol, respirando.