Rentabilidad - Microrrelato sobre la sociedad - Anadesería
Bazar de deseos que aún no han sido anhelados por nadie.
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Hubiese preferido caminar. Todavía quedaban calles anchas en la ciudad, en las que algunos días, incluso se veían rayos de Sol. Parecían un juego de luces entre la continua neblina, que todo lo invadía. Le calentaban la cara, y era lo más cerca que conseguía de sentirse en el tiempo presente, le gustaba, lo excluía del mundo por unos instantes.

Como responsable del departamento, debía reunirse con los jefes de equipo periódicamente. Estos, desperdigados por las diferentes sedes, eran difíciles de satisfacer.

La rentabilidad era el nuevo Dios, mandaba y podía elevarte hasta cumplir todos tus sueños o arrollarte con violencia hasta desearas tu propio fin.

Se dirigió a un terminal. El tiempo siempre escaso era el bien más codiciado, no quería desperdiciarlo y lo exprimiría todo lo que pudiera por el bien de la compañía, por la rentabilidad.

Miró la hora mientras seleccionaba el destino. Un pequeño destello, fugaz aunque parecido a un rayo solar, lo identificó. Automáticamente se le restaron unos créditos, aquellos que tanto se esforzaba por conseguir. El zumbido empezó, cada vez le era más familiar. Cuando el conducto que plegaba el espacio se estabilizó, se corrió la barrera. Aprovecharía el tiempo y demostraría cuan rentable podía llegar a ser. Llegó de forma inmediata.

Otra dosis de radiación se había sumado a su cuerpo, cada vez más castigado.