Bazar de deseos que aún no han sido anhelados por nadie.
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A cualquiera que le preguntes como viví, te dirá que fue una existencia envidiable con una muerte causada por unos motivos que no alcanza a comprender.

Me hiciste cruzar ríos de verdades, incluso con destinos definidos soplando en contra. Tus palabras solidas me alentaban, me fortalecían. Eramos auténticos creadores de mundos, danzando coordinados, por tierras llenas de oportunidades.

Superé incontables pozos oscuros, de los que no se atisbaba fondo alguno y eran capaces de arrastrarte hasta los confines del tiempo.

Me decías que la eternidad era una broma con la que podíamos juguetear como niños, y viví, y soñé, y jugamos.

Me elevaste más allá de lo concebible, descubrí un sin fin de posibilidades todas ellas presentes y realizadas a la vez. Pero vivir en plenitud me consumió, me convertí en un ser sin anhelos, sin búsqueda. Un alma sin aspiraciones.

Ahora solo quiero perderte y perder cuanto soy para alcanzarlo de nuevo, de otra forma, en otra existencia.

Se que te encontraré, que me catapultarás de nuevo con tu presencia, y danzaremos sobre los ríos de antaño.

En eso consiste nuestro juego, el gran juego; renunciar y buscar, por toda la eternidad.