Humos - Blog de Microrrelatos y Reflexiones de la Vida, Anadesería
Bazar de deseos que aún no han sido anhelados por nadie.
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He dejado de atracar a los hombres, de robarles sus pertenencias más queridas. Es una tarea insufrible. Nunca me toman en serio y no saben como reaccionar.

Uno incluso intentó invitarme a salir recientemente: “Me has robado el corazón” decía, no me arrepiento de haberlo rajado. Él se lo buscó.

Pero estoy cansada. Las atracadoras estamos muy mal consideradas, y por más que intente mejorar nuestra reputación, somos un gremio muy castigado socialmente.

Esta humanidad no tiene remedio, ¡más mujeres como yo hacen falta! que les enseñen quiénes mandan en realidad, que les bajen los humos a los señoritos. ¿O es que necesitan follarnos y después pagarnos todos nuestros caprichos? No conmigo, no me engatusará ningún hijo de papá.

Por ahí viene otro, bigote repeinado, bienvestido, barriga considerable sobresaliendo de la chaqueta impecable. Un altivo señor apoltronado en su cómoda vida, regalando miradas arrogantes por doquier, pidiendo a gritos que le humille con mi navaja.

El último y lo dejo, lo prometo.