Error - Microrrelato sobre Relaciones Humanas - Anadesería
Bazar de deseos que aún no han sido anhelados por nadie.
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Deletreaba para sus adentros lo que suponía el final de la relación; “eres mi gran error”.

Directa, sin rodeos y sin puertas abiertas a un reencuentro, que en un futuro ansiaría con toda su alma. Esperanza de un posible regreso, creada por la desesperación y la soledad que se cernían sobre él.

Ninguna distracción conseguía alejarla completamente, de entre todos los momentos especiales, su mente caprichosa, eligió recordarla de espaldas, con la melena ondeando suavemente.

Podía oler esa esencia a lavanda que solía desprender y que tanto lo hechizaba, sin saber porqué, pues la casa era ventilada a menudo. Seguramente su cerebro recreaba un ambiente cercano, familiar. Curiosa palabra, origen de tormentas. Precisamente la familia era lo que no llegaría por su negativa a tener un hijo. No quería cometer errores, sin embargo se había convertido en uno.

Impregnado hasta la médula, veía su fantasma, semidesnudo, al otro lado de la cama, simpre de espaldas. Solo cuando intentaba acariciarla, se desvanecía en el aire, y viajaba de forma invisible por la habitación. Cuando la conseguía perder de vista, la lavanda seductora le embriagaba subiendo por las fosas nasales hasta el cerebro. Allí se aferraba al recuerdo firmemente.

Lo que un día fueron palabras de amor, derivó en susurros ininteligibles, a veces buscando reconciliación, otras mostrando rechazo. Obsesionado por esa melena ondeante, era incapaz de lanzarla al rincón del olvido, al menos sin intentar ver de nuevo sus ojos canela. Las semanas fueron consumidas sin piedad por el tiempo. Mientras, él vivía entre murmullos y siluetas, que lo consolaban u atormentaban a placer, incesantemente.

Nunca más vio su rostro a pesar de que residía en su mente, quizá porque lo evitaba inconscientemente, o quizá porque era “un gran error” incluso para su propia ilusión.