Elixir - Microrrelato sobre la entrega al público - Anadesería
Bazar de deseos que aún no han sido anhelados por nadie.
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El ansiado momento había llegado. Siempre sentía un cosquilleo que recorría su delgado cuerpo, y que la transportaba al vívido presente.

Las luces iluminaron otro estadio de nuevo, sin importarle de que ciudad. Un griterío ensordecedor se elevaba sobre las cabezas de sus fans. La adoraban, algunos se tatuaban frases de sus canciones, la imitaban, la acosaban como enfermos en busca de su droga. Sus gestos y su voz la hacían única, inigualable.

En las primeras filas, la multitud se aglomeraba convertida en una masa de cabezas y brazos, que estirados intentaban tocar el escenario, llamar su atención. La anhelaban y harían lo que fuera por ella.

OA hizo un gesto imperceptible y la música impactó en el aire, empezó el gran espectáculo. La Diosa ante una multitud alucinada por su voz angelical y potente. La melodía los agarraba con fuerza y los adentraba a un oculto mundo psicodélico. La vibración secuestraba sus emociones haciéndolos enloquecer.

Lo estaba consiguiendo. La abrumaba el amor que provocaba y a su vez se entregaba plenamente, como en un círculo que se retroalimentaba incesantemente. Su corazón acelerado hacía que se contornease sensualemente ante la muchedumbre. Tenía tanta pasión que transmitir, que su voz y su cuerpo, no eran suficientes. Necesitaba fundirse con ellos. Extasiada, en un arrebato, tomó impulso y se abalanzó al gentío.

La masa sin conciencia, la estrujó buscando del elixir de su interior que la hacía extraordinaria. Este, se disipó junto con su aliento para siempre.