Desvanecer - Reflexiones de la Vida y Pensamientos Abstractos
Bazar de deseos que aún no han sido anhelados por nadie.
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Ese chico parece que sabe lo que hace, disfruta del momento con su noviazgo, como si controlase la vida misma. El dueño del tiempo que cabalga el destino hacia momentos iluminados por sonrisas en los que todo fluye y agrada casi inconscientemente.

Envidio a esos jóvenes que dominan la realidad para darle el aspecto que desean, convirtiendo aquello que no tiene razón de ser, aquello abrupto y despiadado, en dulzura y momentos perfectos. Transformadores de momentos, transformadores de mundos. Ríe con ellos si se cruzan en tu camino, pues su dicha solo es dicha a su alrededor. Atmósferas que envuelven a sus círculos allá donde van, embriagando al resto, con su aroma a sueños cumplidos.

Amigos contando anécdotas para ser el centro de atención. Me alejo un segundo de ellos para tomar perspectiva de ese juego de relaciones humanas, que dirigidas por impulsos primarios, conducen a situaciones comunes. Parejas, amigos, viajes, desengaños, nada llega demasiado lejos en el camino de la reflexión. Meditabundo, en parte envidioso, los desprecio o me irritan, a veces a partes iguales.

Placeres, y gentíos esclavizados por ellos, algunos los conocen todos incluso. Extraños sin grandes ideales, sin grandes pretensiones, con ilusiones limitadas, danzando a gusto en las calles del destino, al son de discursos vacíos, aunque elocuentes. Muchos se escuchan con atención, buscando explicaciones que trasciendan y puedan extrapolar a sus vidas rutinarias. Vidas en ocasiones agitadas por infortunios o desgracias exentas de motivos, que los empujan todavía más hacia la apresurada sin razón de la existencia.

Hubo un tiempo en que disfruté de estar vivo, de sentir el calor del Sol en mi piel, de sentir las esperanzas invadiendo mis venas. Con vigor y brillo en la mirada. Hubo un tiempo en que soñaba y lanzaba amores al viento. Hubo un tiempo en que amé el mundo y fui mundo, creando el significado de todo.

Pero ellos al igual que yo ahora sufrirán la falta de motivos en los sucesos, sufrirán la ausencia del destino en el día a día. Ellos maquillarán el vacío de todo cuanto les rodea para mantener la entereza y ocultar el caos subyacente a sus hijos. Vivos en la gran mentira, confinados en bloques de edificios, con reglas que respetar y dioses en los que creer. Actuando en el gran teatro de la realidad en busca del aplauso insustancial. Llorarán en el futuro, sin comprender, o peor aún, al ser conscientes de la locura en la que se ha convertido el presente.

El silencio me arrincona ya, rescatando toda clase de pensamientos que deambulan sin dirección. Sepultándome entre fracasos, desilusiones, vidas posibles y amores imposibles. Demasiado tarde para escapar. La muerte asoma entre todos ellos tiñiéndolos de tristeza y desesperación. El tiempo se expande en la antesala de la nada, esa de la que no queremos oír hablar.

Liberarme de la consciencia, la que presiona e irrita sin motivo, es mi único deseo. Voces ininteligibles de fantasmas pasados, a los que me es imposible ponerles rostro. Recuerdos engrisecidos por la ausencia de sentido a mi alrededor, la atmósfera se atenúa. Cuando todo se desvanece solo queda esperar. Poco a poco la negrura invade esas imágenes que asoman, por fin hay calma, silencio.

Como si todo hubiera sido un sueño, como si todo hubiera sido.