Azar - Microrrelato sobre el Destino - Reflexiones Anadesería
Bazar de deseos que aún no han sido anhelados por nadie.
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Presionaba el azar. Unos pocos afortunados eran premiados con sus sueños convertidos en realidad, apostando incansablemente, o asistiendo a absurdos concursos. Nunca era su caso. Cansaba intentarlo sin éxito. Las probabilidades siempre suelen estar en contra de los necios. Pero como fiel creyente en el karma, se consideraba digno, merecedor, al menos de un mísero golpe de suerte, por insignificante que fuera .

Continuos fracasos marchitaban su carácter, pero no lo enfurecían como a otros. Haría uso de todo su intelecto, de su imaginación, en un último intento de salir victorioso, de lo que él consideraba, la batalla contra la diosa Fortuna. Rellenó las casillas con números aleatorios del 1 al 100 rápidamente, prestando atención a sus valores. No intentaría discernir un combinación ganadora, esta vez no, se proponía algo distinto. Dispuesto a surcar el complejo entramado subyacente, el que catapulta a los hombres hacía la consecución de sus ilusiones, quizá incomprensible o inexistente, memorizó las cifras.

Recorrió sus sueños de uno en uno como solía hacer cuando jugaba. Eran grandes y satisfactorios, equilibrados, los que un buen hombre puede desear. Su mente, siempre dispersa, empezó a focalizar, la sometió a unas nuevas leyes, a partir de ahora todo tendría un motivo. Visualizó cada número, atribuyéndole las emociones de un hombre culminado, impregnádolos, dotándolos de significado y de vida. Profundizó. Pronto empezaron a hablarle, a enraizar en los recuerdos, a diseminar pensamientos derivados. Invadieron completamente su consciencia.

Resurgió pletórico y lleno de vitalidad de su letargo, el mundo que percibía tenía un significado que se alineaba con su deseos más elevados. Víctima o héroe de su propio delirio durante los días venideros, encadenaba situaciones generadas por sus ideas, por sus actos, en ocasiones un tanto irracionales, pero bajo una visión global. Su mente era la premiada. Haciendo girar la realidad a su alrededor, fue sueño desde entonces.

Todavía recuerdo aquel hombre, el más alegre que he conocido. ¡Qué suerte tuvo!